Pudimos elegir lo fácil y elegimos atrevernos. Probámos el arrepentimiento y vivimos la lujuría, consumimos la paciencia y perdimos en norte a posta.
Que insignificantes nos parecían todos desde nuestro altar. Gran error el dar por sentado que aquel trono nos pertenecía, que aquella vida era nuestra y que nadie podría echarnos del olimpo.
Aquel día descubrimos que el camino que lleva al paraíso es en realidad un laberinto, y que no exisite tal salida llamada "paraíso", que no existe un fin que dé sentido a todo lo vivido y a cada uno de los males que hayamos sufrido, no.. el placer de perderte en en un laberinto no es encontrar la salida, sino encontrarte a ti mismo.
Intentamos definir "amor" cuando nadie sabe amar, hablamos de sufrimiento cuando vemos muerte desde nuestros sofás , pretendemos vivir en un mundo justo mientras nos preocupamos más de nuestra diversión que de la vida. En un mundo roto con una sociedad hipócrita no podemos ser tan idiotas de escandalizarnos como lo hacemos, si están todos locos, es porque los habremos vuelto locos, nuestra indiferencia rige la locura y la locura rige el caos en la falsa vida libre que creemos vivir.
Moraleja: se tú, no seas los demás, y si no te dejan ser, que no sean nada para ti.
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